El Hilo de los Monólogos (encuentra monólogos)
- Alba NS
-
Re: EL HILO DE LOS MONÓLOGOS
23 Sep 2012 15:32
Monólogos femeninos.
Monólogo personaje femenino. La Gaviota. (Chejov)
NINA. ¿Por qué dice que besaba la tierra que yo pisé? A mí, habría que matarme. (Se apoya en la mesa) Estoy extenuada. Si pudiera descansar… descansar… (levanta la cabeza). Soy una gaviota… No, no. Soy una actriz. ¡Pues, claro que sí! (al escuchar la risa de ARKADINA y TRIGORIN presta oído, luego corre hacia la puerta de la izquierda y mira por el ojo de la cerradura.) El también está aquí… (vuelve al lado de TEPLEV.) Sí, claro… No importa… Sí…El no creía en el Teatro, se burlaba de mis sueños y, poco a poco, también yo perdí la fe y los ánimos… Y, luego, los azares del amor, los celos, el temor constante por el pequeño. Me volví quisquillosa, insignificante, actuaba sin compenetrarme con el papel… No sabía qué hacer con las manos ni cómo moverme en el escenario, estaba envarada, no dominaba mi voz. Usted no puede comprender lo que experimenta una actriz al darse cuenta de que su actuación es horrible. Soy una gaviota. No, no es eso… ¿Se acuerda de la gaviota que mató usted? Llegó un hombre fortuitamente, la vio y, a falta de otro quehacer, le quitó la vida. Pero, no es eso… (se frota la frente) ¿De qué estaba hablando? Estaba hablando del teatro. Ahora, ya no soy así… Ya soy toda una actriz… Sí, actúo con deleite, con entusiasmo, el escenario me embriaga y noto que soy maravillosa. Ahora, desde que me encuentro aquí, no hago más que caminar. Camino pensando, absorta, y noto que mi fuerza interior crece de día a día… Ahora sé, ahora comprendo, Kostia, que en este quehacer nuestro -tanto si actuamos en escena como si escribimos- , lo esencial no es la gloria, no es la notoriedad, no es lo que constituía mis sueños, sino que es el aguante. Debemos llevar nuestra cruz y confiar. Yo tengo fe y por eso no sufro tanto, por eso no le temo a la vida, pienso en mi vocación.
No, no… Y no me acompañe. Iré sola. El coche está aquí cerca… De manera que le ha traído con ella. En fin, ¿qué importa? Cuando vea usted a Trigorin, no le cuente nada… le amo. Le amo incluso más que antes. El tema para un pequeño relato. Le amo, le amo con pasión, le amo desesperadamente. ¡Qué bien vivíamos antes, Kostia! ¿Se acuerda? Una vida diáfana, cálida, dichosa, una vida pura… Y unos sentimientos que eran como bellas y delicadas flores… ¿Recuerda?... (recitando).
“Hombres, leones, águilas y perdices, ciervos astados, gansos, arañas, callados peces que habitáis en el agua, estrellas de mar y estrellas que no podrían divisarse con la vista… En una palabra, todas las vidas, todas las vidas, todas las vidas se han extinguido una vez terminado su triste ciclo… Hace millares de siglos que no hay sobre la faz de la tierra ni un solo ser vivo y en vano enciende su fanal esta pobre luna. Las grullas no se despiertan ya gritando en el prado ni se escucha a los escarabajos de mayo en los sotos de tilos…” (Abraza impulsivamente a TREPLEV y escapa por la puerta encristalada).
Monólogo personaje femenino II. Doña Rosita la soltera. (Federico G. Lorca)
ROSITA (arrodillada delante de ella).- Me he acostumbrado a vivir muchos años fuera de mí, pensando en cosas que estaban muy lejos, y ahora que estas cosas ya no existen sigo dando vueltas y más vueltas por un sitio frío, buscando una salida que no he de encontrar nunca. Yo lo sabía todo. Sabía que se había casado; ya se encargó un alma caritativa de decírmelo, y he estado recibiendo sus cartas con una ilusión llena de sollozos que aun a mí misma me asombraba. Si la gente no hubiera hablado; si vosotras no lo hubiérais sabido; si no lo hubiera sabido nadie más que yo, sus cartas y su mentira hubieran alimentado mi ilusión como el primer año de su ausencia. Pero lo sabían todos y yo me encontraba señalada por un dedo que hacía ridícula mi modestia de prometida y daba un aire grotesco a mi abanico de soltera. Cada año que pasaba era como una prenda íntima que arrancaran de mi cuerpo. Y hoy casa una amiga y otra y otra, y mañana tiene un hijo y crece, y viene a enseñarme sus notas de examen, y hacen casas nuevas y canciones nuevas, y yo igual, con el mismo temblor, igual; yo, lo mismo que antes, cortando el mismo clavel, viendo las mismas nubes; y un día bajo al paseo y me doy cuenta de que no conozco a nadie; muchachas y muchachos me dejan atrás porque me canso, y uno dice: "Ahí está la solterona", y otro, hermoso, con la cabeza risada, que comenta: "A ésa ya no hay quien le clave el diente." Y yo lo oigo y no puedo gritar, sino vamos adelante, con la boca llena de veneno y con unas ganas enormes de huir, de quitarme los zapatos, de descansar y no moverme más, nunca, de mi rincón.
Monólogo femenino III. Háblame como la lluvia y déjame escuchar. (Tennesse Williams)
MUJER : Todas las semanas sin falta, el correo me traerá un cheque. La viejecita me cobrará los chequed y me traerá libros de una biblioteca y recogerá... la ropa de la lavandería. ¡Siempre llevaré ropa limpia! Me vestiré de blanco. Nunca seré muy fuerte ni me quedarán muchas energías, pero pasado algún tiempo tendré las suficientes para caminar por la explanada, para pasear por la playa sin esfuerzo... elegiré una para ir a sentarme, cerca de la glorieta donde la banda toca selecciones de Victor Herbert mientras oscurece... Tendré una habitación grande con postigos en las ventanas. Habrá una temporada de lluvia, lluvia, lluvia. Y me sentiré tan agotada después de vivir en la ciudad que no me importará no hacer nada, simplemente oiré caer la lluvia. Estaré muy tranquila. Las arrugas desaparecerán de mi cara. No se me inflamarán nunca los ojos. No tendré amigos. No tendré ni siquiera conocidos. Cuando sienta sueño regresaré despacio al pequeño hotel. El empleado dirá: Buenas noches Señorita Jones y yo me limitaré a sonreír apenas, y cogeré mi llave. Nunca ojearé ni un periódico. Tampoco oiré la radio. No tendré conciencia del paso de tiempo... Un día me miraré al espejo y veré que mi cabello está empezando a ponerse gris, y por primera vez me daré cuenta de que he estado viviendo en este pequeño hotel bajo un nombre falso, sin amigos ni conocidos ni relaciones de ninguna clase durante 25 años. Me sorprenderá un poco, pero no me preocupará. Me alegraré de que el tiempo haya pasado tan sin sentir. De vez en cuando quizá vaya al cine. Me sentaré en la ultima fila con toda esa oscuridad en torno mío y unas figuras inmóviles sentadas al lado, ignorándome, mirando la pantalla. Personas imaginarias. Personajes inventados. Leeré largos libros y los diarios de escritores muertos. Me sentiré más cerca de ellos de lo que me he sentido nunca con las personas que conocía antes de retirarme del mundo. Será grata y sedante esta amistad mía con poetas muertos, porque no tendré que tocarlos ni responder a sus preguntas. Me hablaran sin esperar mis respuestas. Y me vendrá el sueño escuchando sus voces que me explicarán misterios. Me quedaré dormida con el libro todavía entre las manos y lloverá. Despertaré, oiré la lluvia y me volveré a dormir. Una temporada de lluvia, lluvia, lluvia. Después, un día, al cerrar el libro o al volver sola del cine a las once de la noche, me miraré al espejo y veré que mi cabello se ha puesto blanco. Blanco, todo blanco.Tan blanco como la espuma de las olas. (Se levanta y pasea por la habitación mientras habla) Recorreré mi cuerpo con las manos y percibiré lo asombrosamente delgada e ingrávida que me he vuelto. ¡Oh, Dios mío, qué delgada estaré! Casi transparente. Apenas real. Entonces descubriré, sabré, un tanto confusamente, que he permanecido ahí, en ese pequeño hotel, sin... relaciones sociales, responsabilidades, inquietudes ni perturbaciones de ninguna clase... durante casi 50 años. Medio siglo. Casi toda una vida. No recordaré ni siquiera los nombres de las personas que conocía antes de llegar allí, ni lo que se siente cuando se espera a alguien que... puede no venir. Entonces sabré -mirándome al espejo- que ha llegado el momento de pasear sola una vez más por la explanada, con un viento fuerte azotándome, un viento limpísimo que sopla desde el confín del mundo, desde más lejos aún, desde los fríos límites del espacio ultraterrestre, desde más allá de lo que haya más allá de los confines del espacio. (Se sienta otra vez vacilante junto a la ventana.) Entonces saldré y pasearé por le explanada, pasearé sola y me iré adelgazando, adelgazando.
Monólogo personaje femenino. La Gaviota. (Chejov)
NINA. ¿Por qué dice que besaba la tierra que yo pisé? A mí, habría que matarme. (Se apoya en la mesa) Estoy extenuada. Si pudiera descansar… descansar… (levanta la cabeza). Soy una gaviota… No, no. Soy una actriz. ¡Pues, claro que sí! (al escuchar la risa de ARKADINA y TRIGORIN presta oído, luego corre hacia la puerta de la izquierda y mira por el ojo de la cerradura.) El también está aquí… (vuelve al lado de TEPLEV.) Sí, claro… No importa… Sí…El no creía en el Teatro, se burlaba de mis sueños y, poco a poco, también yo perdí la fe y los ánimos… Y, luego, los azares del amor, los celos, el temor constante por el pequeño. Me volví quisquillosa, insignificante, actuaba sin compenetrarme con el papel… No sabía qué hacer con las manos ni cómo moverme en el escenario, estaba envarada, no dominaba mi voz. Usted no puede comprender lo que experimenta una actriz al darse cuenta de que su actuación es horrible. Soy una gaviota. No, no es eso… ¿Se acuerda de la gaviota que mató usted? Llegó un hombre fortuitamente, la vio y, a falta de otro quehacer, le quitó la vida. Pero, no es eso… (se frota la frente) ¿De qué estaba hablando? Estaba hablando del teatro. Ahora, ya no soy así… Ya soy toda una actriz… Sí, actúo con deleite, con entusiasmo, el escenario me embriaga y noto que soy maravillosa. Ahora, desde que me encuentro aquí, no hago más que caminar. Camino pensando, absorta, y noto que mi fuerza interior crece de día a día… Ahora sé, ahora comprendo, Kostia, que en este quehacer nuestro -tanto si actuamos en escena como si escribimos- , lo esencial no es la gloria, no es la notoriedad, no es lo que constituía mis sueños, sino que es el aguante. Debemos llevar nuestra cruz y confiar. Yo tengo fe y por eso no sufro tanto, por eso no le temo a la vida, pienso en mi vocación.
No, no… Y no me acompañe. Iré sola. El coche está aquí cerca… De manera que le ha traído con ella. En fin, ¿qué importa? Cuando vea usted a Trigorin, no le cuente nada… le amo. Le amo incluso más que antes. El tema para un pequeño relato. Le amo, le amo con pasión, le amo desesperadamente. ¡Qué bien vivíamos antes, Kostia! ¿Se acuerda? Una vida diáfana, cálida, dichosa, una vida pura… Y unos sentimientos que eran como bellas y delicadas flores… ¿Recuerda?... (recitando).
“Hombres, leones, águilas y perdices, ciervos astados, gansos, arañas, callados peces que habitáis en el agua, estrellas de mar y estrellas que no podrían divisarse con la vista… En una palabra, todas las vidas, todas las vidas, todas las vidas se han extinguido una vez terminado su triste ciclo… Hace millares de siglos que no hay sobre la faz de la tierra ni un solo ser vivo y en vano enciende su fanal esta pobre luna. Las grullas no se despiertan ya gritando en el prado ni se escucha a los escarabajos de mayo en los sotos de tilos…” (Abraza impulsivamente a TREPLEV y escapa por la puerta encristalada).
Monólogo personaje femenino II. Doña Rosita la soltera. (Federico G. Lorca)
ROSITA (arrodillada delante de ella).- Me he acostumbrado a vivir muchos años fuera de mí, pensando en cosas que estaban muy lejos, y ahora que estas cosas ya no existen sigo dando vueltas y más vueltas por un sitio frío, buscando una salida que no he de encontrar nunca. Yo lo sabía todo. Sabía que se había casado; ya se encargó un alma caritativa de decírmelo, y he estado recibiendo sus cartas con una ilusión llena de sollozos que aun a mí misma me asombraba. Si la gente no hubiera hablado; si vosotras no lo hubiérais sabido; si no lo hubiera sabido nadie más que yo, sus cartas y su mentira hubieran alimentado mi ilusión como el primer año de su ausencia. Pero lo sabían todos y yo me encontraba señalada por un dedo que hacía ridícula mi modestia de prometida y daba un aire grotesco a mi abanico de soltera. Cada año que pasaba era como una prenda íntima que arrancaran de mi cuerpo. Y hoy casa una amiga y otra y otra, y mañana tiene un hijo y crece, y viene a enseñarme sus notas de examen, y hacen casas nuevas y canciones nuevas, y yo igual, con el mismo temblor, igual; yo, lo mismo que antes, cortando el mismo clavel, viendo las mismas nubes; y un día bajo al paseo y me doy cuenta de que no conozco a nadie; muchachas y muchachos me dejan atrás porque me canso, y uno dice: "Ahí está la solterona", y otro, hermoso, con la cabeza risada, que comenta: "A ésa ya no hay quien le clave el diente." Y yo lo oigo y no puedo gritar, sino vamos adelante, con la boca llena de veneno y con unas ganas enormes de huir, de quitarme los zapatos, de descansar y no moverme más, nunca, de mi rincón.
Monólogo femenino III. Háblame como la lluvia y déjame escuchar. (Tennesse Williams)
MUJER : Todas las semanas sin falta, el correo me traerá un cheque. La viejecita me cobrará los chequed y me traerá libros de una biblioteca y recogerá... la ropa de la lavandería. ¡Siempre llevaré ropa limpia! Me vestiré de blanco. Nunca seré muy fuerte ni me quedarán muchas energías, pero pasado algún tiempo tendré las suficientes para caminar por la explanada, para pasear por la playa sin esfuerzo... elegiré una para ir a sentarme, cerca de la glorieta donde la banda toca selecciones de Victor Herbert mientras oscurece... Tendré una habitación grande con postigos en las ventanas. Habrá una temporada de lluvia, lluvia, lluvia. Y me sentiré tan agotada después de vivir en la ciudad que no me importará no hacer nada, simplemente oiré caer la lluvia. Estaré muy tranquila. Las arrugas desaparecerán de mi cara. No se me inflamarán nunca los ojos. No tendré amigos. No tendré ni siquiera conocidos. Cuando sienta sueño regresaré despacio al pequeño hotel. El empleado dirá: Buenas noches Señorita Jones y yo me limitaré a sonreír apenas, y cogeré mi llave. Nunca ojearé ni un periódico. Tampoco oiré la radio. No tendré conciencia del paso de tiempo... Un día me miraré al espejo y veré que mi cabello está empezando a ponerse gris, y por primera vez me daré cuenta de que he estado viviendo en este pequeño hotel bajo un nombre falso, sin amigos ni conocidos ni relaciones de ninguna clase durante 25 años. Me sorprenderá un poco, pero no me preocupará. Me alegraré de que el tiempo haya pasado tan sin sentir. De vez en cuando quizá vaya al cine. Me sentaré en la ultima fila con toda esa oscuridad en torno mío y unas figuras inmóviles sentadas al lado, ignorándome, mirando la pantalla. Personas imaginarias. Personajes inventados. Leeré largos libros y los diarios de escritores muertos. Me sentiré más cerca de ellos de lo que me he sentido nunca con las personas que conocía antes de retirarme del mundo. Será grata y sedante esta amistad mía con poetas muertos, porque no tendré que tocarlos ni responder a sus preguntas. Me hablaran sin esperar mis respuestas. Y me vendrá el sueño escuchando sus voces que me explicarán misterios. Me quedaré dormida con el libro todavía entre las manos y lloverá. Despertaré, oiré la lluvia y me volveré a dormir. Una temporada de lluvia, lluvia, lluvia. Después, un día, al cerrar el libro o al volver sola del cine a las once de la noche, me miraré al espejo y veré que mi cabello se ha puesto blanco. Blanco, todo blanco.Tan blanco como la espuma de las olas. (Se levanta y pasea por la habitación mientras habla) Recorreré mi cuerpo con las manos y percibiré lo asombrosamente delgada e ingrávida que me he vuelto. ¡Oh, Dios mío, qué delgada estaré! Casi transparente. Apenas real. Entonces descubriré, sabré, un tanto confusamente, que he permanecido ahí, en ese pequeño hotel, sin... relaciones sociales, responsabilidades, inquietudes ni perturbaciones de ninguna clase... durante casi 50 años. Medio siglo. Casi toda una vida. No recordaré ni siquiera los nombres de las personas que conocía antes de llegar allí, ni lo que se siente cuando se espera a alguien que... puede no venir. Entonces sabré -mirándome al espejo- que ha llegado el momento de pasear sola una vez más por la explanada, con un viento fuerte azotándome, un viento limpísimo que sopla desde el confín del mundo, desde más lejos aún, desde los fríos límites del espacio ultraterrestre, desde más allá de lo que haya más allá de los confines del espacio. (Se sienta otra vez vacilante junto a la ventana.) Entonces saldré y pasearé por le explanada, pasearé sola y me iré adelgazando, adelgazando.
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- Pedro Santomera
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Re: EL HILO DE LOS MONÓLOGOS
23 Nov 2012 17:59
Elige la vida.
Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact-disc y abrelatas electricos. Elige la salud: colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos unos trajes en una amplia gama de putos quejidos. Elige el bricolaje, y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá y ver teleconcursos que embotan la mente y explotan el espíritu, mientras llenas tu boca de puta comida basura.Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo, siendo una carga para los jóvenes a quiénes has engendrado para reemplazarte.
Pero, ¿por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida. Yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?
Renton (Ewan McGregor, Trainspotting)
Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact-disc y abrelatas electricos. Elige la salud: colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos unos trajes en una amplia gama de putos quejidos. Elige el bricolaje, y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá y ver teleconcursos que embotan la mente y explotan el espíritu, mientras llenas tu boca de puta comida basura.Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo, siendo una carga para los jóvenes a quiénes has engendrado para reemplazarte.
Pero, ¿por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida. Yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?
Renton (Ewan McGregor, Trainspotting)
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- Pedro Santomera
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Re: EL HILO DE LOS MONÓLOGOS
23 Nov 2012 17:59
El peor casero del mundo. El personaje de Al Pacino:
A Dios le gusta observar, es un bromista, piénsalo: dota al hombre de instintos, os da esta extraordinaria virtud, ¿y qué hace luego?, los utiliza para pasárselo en grande, para reírse de vosotros al ver cómo quebrantáis las reglas. Él dispone las reglas y el tablero, y es un auténtico tramposo, ‘Mira, pero no toques. Toca, pero no pruebes. Prueba, pero no saborees‘ Y mientras os lleva cómo marionetas de un lado a otro, ¿qué hace él? ¡Se descojona! ¡Se parte el culo de risa!, es un payaso, ¡es un sádico! ¡ES EL PEOR CASERO DEL MUNDO!.
A Dios le gusta observar, es un bromista, piénsalo: dota al hombre de instintos, os da esta extraordinaria virtud, ¿y qué hace luego?, los utiliza para pasárselo en grande, para reírse de vosotros al ver cómo quebrantáis las reglas. Él dispone las reglas y el tablero, y es un auténtico tramposo, ‘Mira, pero no toques. Toca, pero no pruebes. Prueba, pero no saborees‘ Y mientras os lleva cómo marionetas de un lado a otro, ¿qué hace él? ¡Se descojona! ¡Se parte el culo de risa!, es un payaso, ¡es un sádico! ¡ES EL PEOR CASERO DEL MUNDO!.
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Re: EL HILO DE LOS MONÓLOGOS
14 Dic 2012 11:26
La última noche de Boris Grushenko, de Woody Allen
¿Qué haría Platón?
Esos griegos eran todos unos homosexuales. Menudas fiestas debían de montarse.
Platón es un hombre. Todos somos hombres. Luego todos los hombres somos homosexuales.
No, yo no soy homosexual, aunque me una vez me silbaron unos turcos en el puerto. Porque tengo un tipo que gusta a unos y a otras.
Pero no, no, hay gente heterosexual, y hay gente bisexual y luego están a los que no interesa para nada el sexo y se hacen abogados
La última noche de Boris Grushenko
¿Qué haría Platón?
Esos griegos eran todos unos homosexuales. Menudas fiestas debían de montarse.
Platón es un hombre. Todos somos hombres. Luego todos los hombres somos homosexuales.
No, yo no soy homosexual, aunque me una vez me silbaron unos turcos en el puerto. Porque tengo un tipo que gusta a unos y a otras.
Pero no, no, hay gente heterosexual, y hay gente bisexual y luego están a los que no interesa para nada el sexo y se hacen abogados
La última noche de Boris Grushenko
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